Precariedad y organización en la hostelería post-covid

La pandemia del Covid-19 ha actuado de catalizador para una crisis global que se estaba gestando. La situación previa al fatídico año 2020 estaba muy lejos de ser idílica y el sector de hostelería es un ejemplo de ello.

La normalidad previa a la “nueva normalidad” se caracterizaba por irregularidades en la contratación, horas extra sin pagar, turnos de más de 10 horas entre otras vulneraciones de convenios y derechos laborales. A todo esto hay que sumarle los sistemáticos fraudes a la Hacienda por parte de los empresarios de la hostelería. Salarios “en negro” para ahorrarse la Seguridad Social y prácticas extendidas de ocultación de ganancias reales. Es difícil calcular qué parte de sus beneficios no declara el empresariado de hostelería murciana, pero las personas trabajadoras del sector sí que conocemos muy bien que en algunos locales más de la mitad de la “caja” no se registra. Esas famosas “cuentas sin ticar” y otras manipulaciones para declarar menos. Y ahora los mismos empresarios explotadores y estafadores ponen el grito en el cielo para que se les destinen cuantiosas ayudas sacadas de las arcas públicas. Las mismas arcas públicas a las que no se dignan contribuir lo que deben por ley. Su actividad es un auténtico “agujero negro” que absorbe el dinero que se supone que es de todas. Les gusta mucho repetir que generan riqueza para nuestra región cuando no hacen otra cosa que parasitarla, sembrando miseria para la mayoría.

El Estado mira para otro lado ante esta aberrante realidad, igual que lo hace con la explotación laboral. La permisividad con la que el gobierno murciano trata a los empresarios de hostelería es escandalosa. Siempre ha existido esa doble vara de medir que evidencia a quién le sirven los partidos políticos. Para la trabajadora – explotación y una Hacienda siempre preparada para meternos el “sablazo” en la declaración de la renta, para el empresario – ninguna obligación en cuanto al cumplimiento de los derechos laborales y vía libre para fraudes fiscales. La “nueva normalidad” no supone más que una vuelta de tuerca en esta situación insostenible.

El Estado mira para otro lado ante esta aberrante realidad, igual que lo hace con la explotación laboral. La permisividad con la que el gobierno murciano trata a los empresarios de hostelería es escandalosa

Se habla mucho de cómo las restricciones a la hostelería afectan a los bolsillos de sus propietarios y muy poco de las consecuencias para las plantillas. Cuando a algún medio de comunicación le da por nombrar a las trabajadoras del sector casi siempre es para vincularlo a los cierres de locales cuya actividad se ha convertido en inviable para sus dueños. De esta forma hasta nuestra precariedad es aprovechada como un argumento más para que los empresarios puedan seguir exigiendo más y más subvenciones al gobierno.

Miles de camareras/os y cocineras/os son echadas de sus puestos de trabajo antes las medidas restrictivas de los bares y restaurantes. Lo único que nos queda (y no para todo el mundo) es el ERTE. Las personas trabajadoras tienen que acogerse a esta ayuda puesto que no cuentan con otra opción más que el paro. Para más inri, a esto hay que sumarle la nueva medida del gobierno “más progresista de la historia” en forma del Real Decreto Ley 30/2020, de 29 de septiembre, que cambió las reglas del juego. En él se establece que los ERTEs a partir del día 01/10/2020, descuenten tiempo de prestación por desempleo. Con dos excepciones: 1- que la prestación se solicite antes del 01/01/2022 con motivo de un despido o de la finalización de un contrato de duración determinada, 2- que la prestación se solicite con posterioridad al 01/10/2026. Sin contar, los numerosos problemas por los que no se cobran a tiempo o se cobra de más, llegando a una retirada del dinero sobrante en los meses posteriores.

De manera comparativa, Hostemur y Hostecar han llevado una lucha constante por la mejora del sector de la hostelería, olvidando por completo a sus trabajadoras y pidiendo ayudas para la mejora del empresario. Nunca para las plantillas que día a día levantan el negocio y enriquecen la empresa con su esfuerzo, que una vez más son olvidadas

A las trabajadoras del sector nadie va a venir a defendernos, ni el Estado, ni los jefes. La única vía que nos queda para mejorar la situación que vivimos es la organización entre nuestras compañeras dentro y fuera de nuestro puesto de trabajo

Aquellas personas que ya hemos pasado varias veces por estos ciclos de cierres/aperturas nos planteamos a menudo cambiar de trabajo, pero el panorama laboral que nos rodea es desolador. Tenemos miedo de abandonar un sitio donde se nos explota a diario porque sabemos que en cualquier otro la cosa puede ser aún peor. Además, tenemos miedo de perder esas migajas que nos dan en forma de prestaciones. La supuesta “prohibición de despidos” se convierte en una atadura más. Esperamos volver a recuperar nuestro puesto de trabajo cuando se quiten las restricciones y en realidad lo que esto significa es que el empresario nos tiene a su disposición siempre. Puede decidir qué hacer con nosotras. Cuando le conviene nos contrata, haciéndonos asumir peores condiciones laborales y encima tener que darle las gracias. Cuando no le conviene, nos vuelve a mandar al ERTE o nos despide. No podemos tener ningún control sobre nuestra vida y estamos a la merced de las lógicas capitalistas más salvajes e inhumanas.

Es por ello, que con la apertura de los bares y restaurantes estas situaciones se agraven llegando a no contratar las personas necesarias para dar el servicio. Cargando este esfuerzo a una sola trabajadora, aumentando sus horas laborales llegando en numerosos casos a sobrepasar las 8 horas/día.

El sector de hostelería efectivamente está en ruina, pero ésta no nos afecta por igual. Los peces gordos pueden superar los baches que les suponen las restricciones y cierres. Son los primeros en recibir subvenciones. Su trozo de pastel es el más grande. Además, se benefician de las bancarrotas de locales más pequeños pues esto les permite monopolizar la oferta. De ahí que el discurso de Hostemur y Hostecar es tan hipócrita. Dicen defender los intereses del sector (¡incluso los intereses de las personas trabajadoras!) cuando en primera instancia velan por los bolsillos de los empresarios más grandes del sector. Defienden los intereses de una minoría, la minoría más pudiente y la que menos padece las nefastas consecuencias de la crisis actual.

A las trabajadoras del sector nadie va a venir a defendernos, ni el Estado, ni los jefes. La viabilidad de los negocios en el momento actual pasa directamente por exprimirnos más aún. La única vía que nos queda para mejorar la situación que vivimos es la organización entre nuestras compañeras dentro y fuera de nuestro puesto de trabajo. Hay muchos platos rotos. La única manera de que nos los tengamos que pagar nosotras es que los paguen ellos.

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