Los humos de VW, un escándalo de escándalos.

La CGT estamos organizados junto a 30 asociaciones y organizaciones ecologistas como Greenpeace o Ecologistas en Acción, en la “campaña contra los malos humos”, y estamos planteándonos la posibilidad de personarnos como acusación particular ante la denuncia de la fiscalía a la Audiencia Nacional.

En junio de 2007, la FESIM-CGT enviamos cartas a las direcciones de las multinacionales del auto que fabrican en el Estado español, al ANFAC y al Ministerio de Industria, entonces en manos del PSOE. En esas cartas reivindicábamos la apuesta decidida por nuevas motorizaciones de tecnología con emisiones 0, para abandonar los motores basados en combustibles fósiles.

La respuesta fue el silencio más absoluto. En algunos casos se limitaron a justificar, de palabra, que estos temas se deciden en las centrales de los Consorcios. En el Estado español no existe ninguna marca propia.

La crisis que inventaron los capitalistas nos obligó a dedicar todos nuestros esfuerzos a parar ERTE, despidos y reconversiones, por lo que esta reivindicación quedó en un segundo término, desgraciadamente. Pero el escándalo de la manipulación de los controles de contaminación de motores VW nos ha permitido volver a poner en un lugar de importancia, la lucha por una tecnología limpia.

 

Un escándalo lleno de escándalos

La CGT, como la plantilla del Consorcio VW, estamos asistiendo a un esperpento vergonzoso. Recientemente hemos participado junto a compañeros y compañeras alemanas de VW, en la 1ª Conferencia Internacional de los Trabajadores y Trabajadoras de la Automoción (CITA), celebrada en Sindelfinguen (Stuttgart), sede de Mercedes y Porsche.

Allí hemos podido comprobar que el trucaje de las emisiones en los motores diésel, está destapando un escándalo de escándalos. Al fraude mundial de las emisiones hay que unir otros hechos escandalosos como:

  • Todo esto se conocía desde hace más de 3 años y han estado trapicheando entre gobiernos y multinacional, tanto en Estados Unidos como  en Europa. Peor aún, la sospecha planea sobre la mayoría de las empresas del auto.

  • Miles de alemanes llevan tiempo denunciando que el sindicato alemán (IGMetal, presente en el Consejo de Vigilancia, máximo órgano de decisión del Grupo VW, no vigila nada y valoran que la tan cacareada cogestión sindical se basa en recibir algunos beneficios a cambio de que decidan los descendientes de las mismas familias que fundaron VW durante el régimen nazi.

  • Los gobiernos han incumplido su labor de vigilancia de las emisiones contaminantes. Hay denuncias, cada vez más fundadas, de que la Administración española no ha realizado los estudios de mercado en coches en uso, que podrían haber descubierto el fraude.

  • La connivencia entre petroleros y multinacionales del auto queda evidente en el 17% de acciones de VW, en manos  del gobierno petrolero de Qatar. Esto ha sido, y es, un obstáculo para que el Grupo apueste por las energía de emisión 0 como la pila de hidrógeno, tal como les hemos planteado la CGT, desde 2007.

  • También es un escándalo que la respuesta de los sindicatos oficiales sea la de ponerse al lado de las empresas, con la demagogia de la defensa del empleo (ellos que han firmado millones de despidos). Llegan a defender el mantenimiento de las tecnologías como el diésel o la gasolina y abandonan la defensa medioambiental, como han abandonado la defensa de la reducción del tiempo de trabajo y otras luchas obreras.

A todo ello hay que añadir un hecho realmente histórico: Daimler, empresa competidora de VW, ha cedido a una figura relevante de sus directivos, Christine Hohmann, para salvar al Consorcio del aro. Alguien que ya salvó en 2011 a Mercedes-Benz en Estados Unidos, por corrupción en los precios de sus acciones. Una joya, vamos.

El neoliberalismo lleva demasiados años usando la política del miedo para conseguir restructuraciones y reducciones de costes y mano de obra. Y lo está volviendo a hacer. Seat está anunciando que no renueva contratos a pesar de que las consecuencias del escándalo VW no se notan en los pedidos y las ventas. Algo que sólo puede entenderse como parte del teatro del miedo para la negociación del convenio que debe comenzar a primeros de enero.

 

El desafío tecnológico energético no tiene otro camino que una industria libre de contaminantes. La CGT lo propusimos en 2007 y seguimos reivindicando un mundo libre de malos humos.

Los capitalistas europeos llevan mucho tiempo intentando acabar con el “privilegio” de la ley VW. Una ley que da derecho de veto a sus sindicatos en Alemania y que sustenta el sistema de  la “cogestión”. Quienes realmente dirigen el Grupo ya han  anunciado medidas de recortes de salario (retiran de 6.000 a 8.000 euros anuales por trabajador/a), acciones de recortes de gastos (que recaerán sobre todo en las plantillas) y todo un plan de restructuración mundial. Tal parece que lo tuvieran preparado y el escándalo haya sido sólo la excusa para aplicar esa nueva vuelta de tuerca.

 

La CGT estamos actuando en dos frentes: el sindical y la denuncia pública.

En cuanto al primero, desechamos la idea de que este escándalo se haya producido a propósito, pero sí que podemos confirmar que la empresa Seat lo está utilizando a su interés, ante la próxima negociación del XIX convenio colectivo. Y este es el reto que tenemos la CGT por delante: conseguir que la plantilla cambie la resignación que fomentan los sindicatos del sistema y seamos todos capaces de enfrentar una negociación positiva, para una plantilla que lleva demasiados años empeorando las condiciones y congelando salario, mientras los directivos se llenan los bolsillos con sueldos millonarios.

Al mismo tiempo, los trabajadores y trabajadoras del Grupo en Alemania, aunque nos doblan en condiciones salariales y sociales, también comienzan a sufrir recortes y pérdidas de derechos. Las declaraciones del nuevo presidente de VW hablan de que cualquier solución será “dolorosa”. Es evidente que para quienes ganan millones, el “dolor es menos” pero para cualquiera que depende de un salario sí será traumático.

Por eso hemos coincidido con los compañeros/as de Alemania y resto de países con fábricas VW, en que hay que dar una respuesta unitaria y solidaria, desde todas las plantillas del Consorcio. Frente a una multinacional tan potente, cada plantilla por separado perdemos fuerza, pero la unidad de todos los sindicatos puede evitar tanto la política del miedo como el enfrentamiento entre plantas que nos llevan generando durante años.

Así se lo hemos planteado a la mayoría sindical en Seat. Por ahora, la respuesta es la acción unitaria y seguidista de la empresa, por lo que no confiamos en que entiendan que la esencia del sindicalismo de verdad está en la unión y solidaridad para la lucha, no para el corporativismo.

Y en cuanto al segundo ámbito de denuncia pública, la CGT estamos organizados junto a 30 asociaciones y organizaciones ecologistas como Greenpeace o Ecologistas en Acción, en la “campaña contra los malos  humos”, y estamos planteándonos la posibilidad de personarnos como acusación particular ante la denuncia de la fiscalía a la Audiencia Nacional.

El desafío tecnológico energético no tiene otro camino que una industria libre de contaminantes. Ya existe la tecnología, sólo falta la voluntad política de los gobiernos y la decisión técnica de las empresas de ir en ese camino. La CGT lo propusimos en 2007 y seguimos reivindicando un mundo libre de malos humos.

Los intereses espurios de las multinacionales petroleras son un atentado contra el medio ambiente y contra la humanidad que vivimos en él. La reciente noticia de que no sólo son los motores diesel, si no los gasolina los que contaminan más CO2 de los publicitado, es una prueba de que la solución a este sinsentido es el cambio inmediato y total de la motorización de los vehículos y del sistema de movilidad y transporte.

Los trabajadores y las trabajadoras del auto no podemos caer en la trampa de supeditar el futuro del planeta y de nuestros hijos al miedo de perder puestos de trabajo por la reconversión industrial que significaría otro tipo de motores. Si hace falta menos mano de obra: que trabajen los robots y rebajemos la jornada laboral hasta que todos y todas tengamos trabajo y medios de subsistencia dignos. Esta es la posición sindical correcta, las demás van hacia el pasado y la resignación.

 

Diego Rejón Bayo

Secretario General CGT-FESIM


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