LP 81 portada 02??Esta crisis que comenzó siendo financiera salpica todos los planos de la vida actualmente. Asistimos a una crisis económica, laboral, social, de género, cultural, política, medioambiental, de priva- tización de lo público, de recorte de derechos y libertades, de re- presión, de profunda fractura social, una crisis del sistema que se conmueve y resquebraja como consecuencia de la corrupción.


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La movilización como necesidad para el cambio social

“Si queremos cambiar el sistema, si es imprescindible acabar con la corrupción, la movilización social resulta una necesidad...”

??Esta crisis que comenzó siendo financiera salpica todos los planos de la vida actualmente. Asistimos a una crisis económica, laboral, social, de género, cultural, polí- tica, medioambiental, de privatización de lo público, de recorte de derechos y libertades, de re- presión, de profunda fractura social, una crisis del sistema que se conmueve y resquebraja como consecuencia de la corrupción.

Esta crisis no ha tocado fondo, desde luego no ha tocado fondo para los de abajo como resultado de la despiadada política de austeridad. No ha tocado fondo como nos quiere hacer creer el gobierno al afanarse en vocear las bondades de su nueva economía rescatada, recuperada, emergente, saneada... según se desprende de sus datos de la macroeconomía.

Sin duda, todo ello está siendo posible porque el sistema en sí es corrupto, permite la corrupción y garantiza la impunidad siempre para quienes están arriba.

La corrupción no es algo coyuntural, algo puntual, algo circunscrito a personajes concretos, quien realmente es corrupto es este sistema. Estamos ante un sistema de democracia parlamentaria, representativa, en el que la población ha sido adiestrada en la delegación de su poder, un sistema basado en el presidencialismo, el ejecutivismo, la jerarquización, la autoridad, el personalismo, el dirigismo, los privilegios de unas pocas personas, basado en la toma de decisiones unipersonales. Estamos ante un sistema opaco, servilista, que genera enchufismo y endogamia, que se vertebra no sobre la capacidad y los méritos de las personas sino sobre el origen social del que partes, de la cuna en la que te criaste, de la agenda de contactos que manejas, un sistema que no ha roto suficientemente con las prácticas heredadas del franquismo, con las actitudes y comportamientos maniqueos como que las y los trabajadores debemos estar agradecidos al jefe, al patrón, porque nos da trabajo. Es un sistema controlado por una minoría a la que sirve toda una clase política para que legisle, regule y garantice la perpetuación de las diferencias entre clases sociales, un sistema en el que no hay que rendir cuentas.

Todo el sistema funciona al servicio de la explotación de la mayoría social, de la clase trabajadora y las clases populares, un sistema pensado para el expolio de lo público, para la especulación inmobiliaria, para la avaricia financiera, capaz de controlar las instituciones, los órganos de representación, un sistema que no duda en servirse de las personas, de los partidos, de los sindicatos ins- titucionales, para ejecutar sus fines que no son sino la domi- nación de la élite sobre la ma- yoría. El sistema en sí no tiene nada que ver con el concepto de democracia real, de igual- dad de oportunidades, de crite- rios de solidaridad y apoyo mutuo, funciona justo de la forma contraria.

Urge acabar con todo esto, pero sin embargo observamos una calma chicha social deses- peranzadora. Ante este pano- rama profundamente sombrío, de austeridad y recortes, de pri- vatizaciones, de fractura social entre clases sociales, de corrup- ción, de falta de talante demo- crático, ¿cómo es posible que asistamos a la actual paz social? ¿Qué puede explicar esta calma chicha en la que nos levantamos y con la que nos acostamos? ¿Qué nos sucede como sociedad para que no surja un conflicto generalizado, un estallido social? ¿Qué está pasando para que desde la gran movilización de las Marchas de la Dignidad del pa- sado 22M de 2014, cuando dos millones de personas tomaron Madrid, estemos en un estado catatónico social?

Una primera explicación a esta quietud social podría ser la campaña de recuperación económica y fin de la crisis que nos vende el actual gobierno y que produce efectos de domesticación de la respuesta social. Otra segunda explicación podría ser el hastío, el agotamiento, la desconfianza en que de nada, o de muy poco, han servido las muchas moviliza- ciones, manifestaciones, escra- ches, huelgas generales llevadas a cabo en los últimos años in- capaces de cambiar la política económica y antisocial del gobierno. Una tercera explicación puede ser que la población ha optado por canalizar su indignación hacia la vía electoralista, bombardeada sistemáticamente desde los medios de comunicación de que esta opción es la única útil.

LP 81 indiceAfortunadamente, ahí está la lucha ejemplar de Gamonal, Can Vies, la PAH, la Plataforma de Afectados por la Hepatitis C, Stop Desahucios, la lucha del sindicalismo alternativo y anarcosindicalista, la lucha de las mujeres por sus derechos, la lucha de las mareas ciudadanas contra la privatización de la sanidad, de la educación, en defensa de lo público, la lucha estudiantil por una universidad pública de calidad... quienes demuestran día a día que la lucha sí sirve, que sí se puede cambiar, es más, que los verdaderos cambios se producen si la gente se moviliza consciente y organizadamente para conseguirlos.

Nuevas señales, además, nos indican que no hemos tirado la toalla como sociedad. Un nuevo calendario de movilizaciones aprobado por las Marchas de la Dignidad para lo largo y ancho de todo el 2015, antes, durante y después de los procesos electorales con independencia de los resultados, incluida la convocatoria, según califican quienes la proponen, de una histórica huelga general laboral, social y de consumo en octubre de 2015 al margen de las organizaciones sindicales, so- ciales y políticas adictas al régimen, planteadas desde los de abajo, nos auguran un futuro esperanzador para la democracia directa, la horizontalidad, la autogestión, la justicia social, la libertad, en definitiva, un futuro esperanzador para el verdadero cambio social, para el cambio de sistema, para el fin de la corrupción.

Estas ideas son las que te vas a encontrar en el editorial del LP 81 correspondiente al invierno 2104/2105 y que ya puedes leer en papel junto a un importante conjunto de artículos que integran esta tu revista.

El dossier se compone de seis artículos dedicados al impacto de las nuevas tecnologías sobre el control de nuestras vidas, nuestras formas de ser, de pen- sar, de actuar, de luchar.

En la Miscelánea fluyen artículos referidos a temas de actualidad como el peligroso amianto; el I Congreso Internacional de Mujeres contra la guerra celebrado en La Haya en 1915; la historia de los cincuenta años del símbolo anarquista A; el injusto régimen fiscal de las SICAV; la prepotencia de la clase política, lacayos del poder; el bisindicalismo como parte de la “casta”.

Las personas que firman los artículos son reconocidas expertas en su ámbito que nos abren nuevos campos para descifrar el enigma y las claves del día a día.

También encontrarás poesía crítica en Grito en el Eco; la sección de Cómic; comentarios de la película La Comunne de París 1871 en Contracampo; la sección de Fotografías y una entrevista en la sección de Libros con el autor de Cine documental e inmigración en España.

Hasta el próximo número que saldrá en la primavera. No olvides enviarnos tus comentarios, valoraciones, cartas... esperamos tu colaboración y tu crítica.

Un abrazo libertario.

Jacinto Ceacero

 

 

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